Humanos y animales enfrentados por los recursos naturales

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El constante crecimiento demográfico de la población de Sri Lanka ha generado un conflicto por los recursos naturales: humanos y elefantes compiten por la provisión de alimentos y agua en un hábitat cada vez más denso y distante de su naturalidad.

Si bien el conflicto es habitual en todas las regiones que habita el elefante asiático (los hábitats de los elefantes se han fragmentado a consecuencia de la expansión de los cultivos intensivos —en especial, aceite de palma, té y café— y de las obras de infraestructura —carreteras, puentes, embalses, canales, etc. lo confinan a estrechas circunscripciones), en Sri Lanka se ha multiplicado a la enésima potencia.

Confinada en los Parques Nacionales, la población de elefantes no obtiene de estas tierras los recursos naturales indispensables para su supervivencia (estrategia estéril implementada por las autoridades, dada la tendencia de los elefantes a migrar dentro del territorio de Sri Lanka en procura de víveres).

Luego de implementar diversas maniobras para superar los límites del Parque, los elefantes se dirigen en busca de alimentos hacia los cultivos próximos (su apetito puede destruir una granja en una sola noche); pero aún hay más, debido a que su tenacidad desconoce de obstáculos: según los datos del departamento de Conservación de Naturaleza, más de quinientas personas murieron por ataques de estos animales en la década del noventa.

El enfado de la población esrilanquésa  hacia los elefantes se incrementa ante las medidas del gobierno para mitigar los daños causados en los cultivos (en muchas oportunidades las autoridades no efectúan las compensaciones económicas), como ante la exigua indemnización que reciben los familiares de las víctimas. No es de extrañar que los pobladores de las zonas rurales (28% de la población del país) implementen soluciones para combatir al elefante: en los últimos años han sido asesinados más de mil trescientos animales.

No obstante, la pasividad estatal deriva en un problema ambiental de gran magnitud: la tasa de exterminio merma la pequeña población de elefantes que habita en la isla. De ahí que se escuchen las voces que claman por la coexistencia pacífica entre humanos y elefantes; las propuestas: incrementar las indemnizaciones (corto plazo) y crear corredores ecológicos (largo plazo).

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