La lucha contra el cambio climático agoniza

En vísperas de la Cumbre de la Unión Europea sobre política medioambiental, partidarios y adversarios de las restricciones a favor de una mayor protección del medio ambiente se enfrentan en el escenario público alemán. Ambos grupos tratan de influir sobre la postura que Alemania adopte el 11 y 12 de diciembre en la cumbre climática de Bruselas.

Las dudas sobre la conveniencia o no de mantener los ambiciosos objetivos climáticos de la Unión Europea en estos tiempos de crisis financiera no sólo afectan a Alemania: Italia anunció no estar en condiciones económicas de reducir sus emisiones de CO2; asimismo, Polonia lidera el grupo de los países de Europa oriental que aseguran no poder prescindir del carbón: el uso de la piedra negra hace que las sumas de dinero necesarias para cuidar el medio ambiente sean astronómicas.

Sin embargo,  el debate abierto en suelo germano hace agonizar al concierto medioambiental creado por ella misma: precisamente, fue Angela Merkel quien recientemente apremió a sus colegas europeos para que se comprometieran con un cielo más limpio; sin olvidar que las bases de la batalla comunitaria contra el cambio climático se constituyeron cuando Alemania ejercía la presidencia rotativa de la Unión… pero la palabra crisis no se mencionaba cotidianamente.

Actualmente, ante la irrupción de una crisis internacional que insinúa derribar las bases del sistema capitalista, al mismo tiempo que suprime con furia cantidades de puestos de trabajo, las voces de los detractores de las restricciones ambientales cobran impulso.

Gobernantes de los Estados federados de Renania del Norte-Westfalia y del Sarre, dos importantes regiones industriales del país, se pronunciaron a favor de distender el perfil ecológico de Alemania: no se trata de renunciar a los objetivos climáticos, sino de ampliar los plazos fijados para realizarlos.

Otro aspecto muy controvertido para los detractores son los “títulos de emisión”, los cuales colocarían a la industria alemana en una posición de desventaja, incrementando el costo de la economía. A estas predicciones hay que adjuntar el peligro latente de un alza de los precios energéticos.

Claro que esta crisis, de indescifrables proporciones y consecuencias, no silencia las voces de los defensores de un combate irrestricto al calentamiento global: tanto el Consejo Asesor en Cuestiones de Medioambiente del Ejecutivo alemán como la Oficina de Medioambiente llaman la atención sobre los riesgos económicos que podría conllevar el usar el cataclismo financiero como excusa para descuidar el paquete climático de la Unión Europea.

Las próximas horas serán fundamentales para plasmar una visión alemana sobre la forma de combatir al cambio climático; no solo Europa estará pendiente de la estrategia adoptada.