Objeciones a la utilización del dióxido de carbono para producir cemento

Desde hace  tiempo que científicos de todos los lugares del planeta indagan posibles técnicas para retirar el dióxido de carbono que se encuentra en la atmósfera; uno de los últimos experimentos realizados fue el proyecto “Lohafex”, que mediante el vertido de hierro en el mar buscó obtener fitoplancton (algas diminutas) para incrementar la absorción del dióxido de carbono; sin embargo, la fertilización de las aguas del Atlántico no propició niveles significativos de absorción.

Pese al fracaso del experimento indo-alemán, ya circulan en el campo científico nuevas alternativas: la última consiste en almacenar el dióxido mediante la producción de cemento; publicada recientemente en la revista “Scientific American” (Estados Unidos),  el estudio postula conjugar el dióxido con el agua del mar, lo que precipitaría la irrupción de un  mineral (carbonato de calcio), de cuyo procesamiento se obtendría cemento.

No obstante, expertos de la Universidad Técnica de Delft (Holanda) refutan esta técnica: el proceso mediante el cual el carbonato de calcio se transforma en cemento implica cuantiosas emisiones de dióxido de carbono, similares a las que se desprenden de la producción usual; por cierto: obtener una tonelada de cemento implica liberar a la atmósfera una tonelada de dióxido.

Pero aún hay más: para obtener el carbonato de calcio se debe evaporar el agua del mar, para lo cual se precisa incrementar el consumo de energía, es decir, el cemento producido mediante está técnica emitiría más gases de efecto invernadero. Además, no se puede obliterar las consecuencias nefastas sobre el ecosistema marino, en especial, la acidificación del agua, cuyas derivaciones ya son manifiestas en moluscos y corales.

De momento, el retiro del dióxido de carbono de la atmósfera mediante la puesta en práctica de estas experiencias no es viable.