La cocina solar, la conjunción de salud y sabor

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Millones de hombres, principalmente en África, América y Asia, utilizan leña o excrementos de ganado para producir la energía indispensable para cocinar alimentos. Lamentablemente, esta práctica es nociva para el medio ambiente y la salud de la humanidad (la contaminación por partículas procedentes de la combustión de biomasa viabiliza enfermedades respiratorias y cardiovasculares cuyo destino suele ser la muerte).

Por suerte, la solución a estos problemas ya se encuentra en el planeta… desde hace treinta años: en 1979 el físico Shyam S. Nandwani, originario de la India, diseño en Costa Rica una cocina solar que permite preparar alimentos prescindiendo de prácticas nocivas para la naturaleza.

Febrero de 1979: el suministro de electricidad es escaso debido a la crisis energética derivada del alza del precio del petróleo; valiéndose de la potencia inherente de la radiación solar en esa época del año, Nandwani diseña un artefacto para paliar la mutilación eléctrica: una caja (de madera, cartón, acero inoxidable, fibra de vidrio o metal) que contiene una lámina de hierro metalizada (pintada de negro mate), la cual absorbe la radiación solar y permite calentar los alimentos.

Con el paso del tiempo,  Nandwani, que actualmente está al frente del Laboratorio de Energía Solar de la Universidad Nacional de Costa Rica, introdujo modificaciones que posibilitaron optimizar su funcionamiento: en breve, el artefacto era capaz no solo de calentar los alimentos, sino también de cocinarlos.

Pero además de contribuir a reducir nuestra dependencia de las fuentes energéticas tradicionales, la cocina solar posee significativos beneficios: los alimentos pierden menos vitaminas, a consecuencia de utilizar menos agua en el proceso de cocción; después de introducir los alimentos en la cocina, no se requiere ningún cuidado (además, no se queman ni se pegan al recipiente); sirve también para purificar agua y tostar y secar alimentos; inexistente peligro de fuego, explosiones o choques eléctricos; su reducido peso permite trasladarla constantemente.

Extendido su uso en Costa Rica, su propagación a otras partes del planeta puede ser un factor de gran vitalidad para transformar nuestra matriz energética y viabilizar una existencia más saludable.