Alternativas desde el campo para detener el calentamiento global

El problema del calentamiento global debido a los gases de efecto invernadero es uno de los desafíos más importantes que enfrenta la humanidad en este siglo XXI; al ser indispensable la reducción de las emisiones de estos gases, es pertinente que toda la cadena productiva se involucre en la tarea: el mundo agrícola puede aportar mucho para construir un mundo mejor.

“La agricultura y la deforestación contribuyen de forma importante al cambio climático, pero al mismo tiempo los campesinos y los usuarios de los bosques pueden convertirse en figuras clave a la hora de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero”, señaló Alexander Müller, Director General Adjunto de la FAO.

Las emisiones de gases de efecto invernadero de la silvicultura y la agricultura contribuyen actualmente en cerca de un 30 por ciento del total anual de gases desprendidos a la atmósfera (deforestación y degradación de los bosques 17,4 por ciento, agricultura 13,5 por ciento). La agricultura es responsable del 50 por ciento de las emisiones de metano (ganadería y cultivo del arroz) y más del 75 por ciento del óxido nitroso (en su mayor parte a causa de la aplicación de fertilizantes) emitidos anualmente por la actividad humana.

Pero al mismo tiempo, por el paulatino aumento de las temperaturas, las comunidades rurales, en particular las que viven en áreas que ya son frágiles a nivel medioambiental, se enfrentan a un riesgo inmediato y creciente de malas cosechas, pérdida de ganado y disponibilidad reducida de productos marinos, acuícolas y forestales. De no revertir el vertiginoso calentamiento planetario, las plantas, el ganado y los peces se enfrentarán a nuevas plagas y enfermedades, que incrementarán la inseguridad alimentaria de millones de personas.

Sin embargo, Müller viabiliza formas de modificar la perspectiva actual: “la comunidad internacional solo podrá ganar la batalla global contra el cambio climático si conseguimos movilizar el potencial de estos usuarios de la tierra para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y para retener carbono en el suelo y las plantas”; al mismo tiempo, las estrategias aplicadas por los trabajadores de la tierra deberían dar prioridad a medidas que beneficien también a la seguridad alimentaria y energética, la reducción de la pobreza y el uso sostenible de los recursos naturales.

Algunas de las medidas que deberían ser promovidas para reducir la emisión de gases de efecto invernadero desde la agricultura y la silvicultura, que posibiliten mejorar la adaptación al cambio climático, son las siguientes: utilizar variedades agrícolas más eficaces, mejorar el control de los incendios forestales, realizar una adecuada gestión de los recursos naturales, generar biogás a partir del estiércol animal, recuperar la tierra a través del pastoreo controlado y efectuar una gestión orgánica de la tierra, la agricultura y la forestación.