Delfines y ballenas amenazados por bullicio marítimo

La creciente contaminación sónica en los océanos del mundo amenaza la supervivencia de ballenas y delfines, según lo advirtieron en Roma los grupos de protección de la vida que participan en la Conferencia del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) sobre especies migratorias.

Los especialistas aseguran que los sonidos que utilizan estos mamíferos para comunicarse son opacados por el ruido que provocan los barcos (cuyo tráfico se hace cada día más intenso), el aumento de las exploraciones sísmicas vinculadas al gas y al petróleo, los sistemas militares de sonar y los crecientes niveles de dióxido de carbono en las aguas.

Para los expertos la cacofonía sonora que llena los mares actualmente amenaza a los mamíferos marinos que utilizan el sonido para comunicarse, buscar alimentos y aparearse. La interferencia sonora desorienta tanto a ballenas como delfines, al extremo que se dificulta su supervivencia.

Vayamos a los resultados expuestos en la Conferencia: el número cada vez más elevado de ballenas y delfines que terminan varados en una playa podrían atribuirse al incremento exponencial contaminación sónica; asimismo, en algunos casos los mamíferos presentaron lesiones en algunos tejidos, similares a las de los buzos que salen a la superficie demasiado rápido.

Los expertos creen que esos animales pueden haberse asustado por el ruido de sonares militares o experimentos sísmicos y terminaron por ascender a una velocidad superior a la de sus limitaciones físicas.
Otra investigación apunta a que los crecientes niveles de dióxido de carbono en las aguas incrementan la acidez de los océanos, lo que exacerba los sonidos que se producen en el mar.

Por último, según un informe del Fondo Internacional para el Bienestar Animal, la distancia a la que se pueden comunicar las ballenas azules se ha reducido 90% en los últimos 40 años por el aumento en los niveles de ruido en el mar.

Frente a estas evidencias, la explicación de Mark Simmonds, de la Sociedad para la Conservación de los Delfines y las Ballenas, es contundente: “Es lo que llamamos el efecto coctel (…) Cuando estás en un coctel, en una fiesta, tienes que hablar cada vez más fuerte hasta que llega un punto en que nadie puede oír a nadie”.

Por ello, la Convención para la Conservación de las Especies Migratorias, a la que asisten representantes de 100 países, está considerando emitir una resolución que obligue a los países a disminuir los niveles de contaminación sónica en mares y océanos.

Entre las medidas que se proponen para reducir los niveles de ruido de los océanos y mares se destacan las siguientes: instalar motores más silenciosos, cambiar la ruta de algunos barcos, reducir las velocidades y prohibir experimentos y el uso de sonares en los hábitats de los animales en peligro.