Tratado para desterrar bombas de racimo

Los representantes de cerca de cien gobiernos se han reunido el 3 y 4 de diciembre en Oslo, para firmar una histórica convención de desarme que tiene el objetivo de cerrar el capítulo relativo a las municiones en racimo. Esta terrible arma ha matado a civiles inocentes y perjudicado a las comunidades durante décadas después del fin de las hostilidades. Además de las delegaciones oficiales de los países participantes, asistieron a esta conferencia representantes de las Naciones Unidas, de la sociedad civil, de las organizaciones internacionales, como también sobrevivientes de las bombas de racimo y expertos en retirada de restos explosivos.

La Convención sobre Municiones en Racimo, que se adoptó durante la conferencia diplomática celebrada en Dublín en mayo pasado, establece una prohibición sin precedentes del uso, producción, transferencia y almacenamiento de las bombas en racimo. La Conferencia de Firma de Oslo representa el tratado humanitario y de desarme más significativo de la década.

Las municiones en racimo se usaron por primera vez en la Segunda Guerra Mundial y, desde entonces, se han usado en por lo menos 32 países y territorios (entre otros: Vietnam, Laos, Camboya, Kosovo, Afganistán, Irak y Líbano). Cuando se arrojan, estas armas esparcen grandes cantidades de pequeñas bombas sobre un área del tamaño de varias canchas de fútbol. Aunque están pensadas para que exploten en el momento del impacto, muchas veces no lo hacen, lo que convierte inmediatamente al área contaminada en un campo minado.

El alto promedio de fallos a la hora de explotar hace que sean especialmente peligrosas para los civiles, que siguen siendo mutilados y matados durante años y décadas después de haber terminado las hostilidades. Un asombroso 98 por ciento de las víctimas de las bombas en racimo – que han causado más de 10.000 muertos – son civiles, 40 por ciento de los cuales son niños.

Además de ocasionar muertes, las municiones en racimo contaminan el terreno arable, matan el ganado y destruyen las viviendas, convirtiéndose en barreras permanentes para la recuperación económica y el desarrollo.

El mandato del PNUD, en tanto que organismo del desarrollo, establece apoyar a los países que se están recuperando de una guerra, incluyendo ayudar a limpiar la tierra para que pueda ser usada con fines agrícolas, de pastoreo u otros. En los últimos diez años, se han limpiado el equivalente a más de diez mil canchas de fútbol de pequeñas bombas en racimo. Sin embargo, aún existen miles de millones de sub-municiones en racimo almacenadas en más de 75 países que representan un grave riesgo para generaciones futuras. Lamentablemente, Estados Unidos, China, Rusia, Israel, India y Pakistán no suscribieron el tratado.